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José Luis Matienzo escribió y leyó el pregón del Carnaval de 2003 de Guadalajara

en representación de 'Gentes de Guadalajara'

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PREGÓN DE CARNAVAL

Guadalajara 28-febrero-2003

José Luís Matienzo

DON JUAN.

¡Cuán gritan esos malditos!
pero ¡mal rayo me parta
si concluidas las máscaras
no pagan caros sus gritos!

Esta plaza está comprada,
hidalgos. También os digo,
hidalgos, para un amigo
tengo Mayor reservada.

Covarrubias mi casino,
mi tasca Santa María.
¿No os lo creéis todavía?
Soy Tenorio Mendocino.

Gentes de Guadalajara,
estar os agradecemos.
Y el tiempo no malgastemos,
¡eh! Bris, sillas arrimad.

Caballeros, yo supongo
que a ustedes también aquí
les trae la chanza, y por mí
a antojo tal no me opongo.

Guadalajara es testigo
de que hipócrita no soy,
pues a carnaval que voy
va el escándalo conmigo.

¿Estamos listos? Estamos.
Como quien somos, cumplimos
Veamos, pues, lo que hicimos…
Bebamos antes. ¡Bebamos!

 

La apuesta fue porque un día
dije que en España entera
no habría nadie que hiciera
lo que un Mendocino haría;
y vinimos a apostar
qué alcarreño sabría obrar
peor, con mejor fortuna,
en el término de un año;
juntándonos aquí hoy
a probarlo. Y aquí estoy.
¿En febrero? Es extraño.

Pues, señor, yo por aquí,
buscando mayor espacio
para mis hazañas, di
sobre Guada, porque aquí
tiene el placer un palacio.

De la guerra y del amor
antigua clásica tierra,
con los Mendozas de pro,
en ella y tierra alcarreña
,
díjeme: «¿Dónde mejor?
Si hay Mendocinos, hay juego,
hay pendencias y amoríos.»

Di, pues, en el Infantado luego,
buscando a sangre y a fuego
amores y desafíos.

Ginés, a mi apuesta fiel
fijé entre hostil y amatorio,
en su puerta este cartel.
«Aquí está don Juan Tenorio
para quien quiera algo de él.»

De aquellos días la historia
a relataros renuncio;
remítome a la memoria
que dejé aquí, y de mi gloria
podréis juzgar por mi anuncio.

Alcarreñas… caprichosas,
Las costumbres licenciosas,
mendocino y calavera,
¿quién a cuento redujera
mis empresas amorosas?

Salí de Ginés, por fin,
como os podéis figurar,
con un disfraz harto ruin
y a lomos de un mal rocín,
pues me querían casar.

Bajé hasta el nuevo Alcázar;
mas todos paisanos míos,
soldados y en tierra extraña,
dejé pronto su compaña
tras cinco o seis desafíos.

Brianda, rico vergel
de amor, de placer emporio,
vio mi segundo cartel:
«Soy Mendocino Tenorio
y no hay hombre para él.
Desde la Éboli altiva
a la alcarreña más baja,
no hay hembra a quien no suscriba;
y cualquier empresa abarca
si en oro o valor estriba.

Búsquenle los reñidores;
cérquenle los jugadores;
quien se precie, que le ataje;
a ver si hay quien le aventaje
en juego, en lid o en amores.»

Esto escribí; y en medio año
que mi presencia gozó
Brianda, no hay lance extraño,
no hubo escándalo ni engaño
en que no me hallara yo.

 

Por donde quiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la Justicia burlé
y a las mujeres vendí.
Yo a los Remedios bajé,
yo a Santa María subí,
yo, el Brianda escalé,
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.

Ni reconocí sagrado,
ni hubo razón ni lugar
por mi audacia respetado;
ni en distinguir me he parado
al clérigo del seglar.

A alcarreños, provoqué;
En Alamín me batí,
y nunca consideré
que pudo matarme a mí
aquel a quien yo maté.

A esto don Juan se arrojó,
y escrito en este papel
está cuanto consiguió,
y lo que él aquí escribió
mantenido está por él.

 

Llamé al bar, y no se abrió;
y pues sus puertas me cierra,
de mis pasos en la Tierra
responda el Cielo, y no yo.

 

¡Oh carnaval, gloria a ti!
Mañana a los humanos
aterrará el creer que a manos
yo de don Carnal caí.

Mas es justo; quede aquí
al universo notorio,
que el bar es mi purgatorio,
es mi única penitencia,
la del Dios de la clemencia,
el Dios de DON JUAN TENORIO.