Los locos de Valencia Duración aproximada: 85 minutos Fotos y videos

El espectáculo

La obra

Dicen que el amor es loco, y no es amor si lo es poco Compuesta entre 1590 y 1595 y publicada en 1620 en Madrid dentro de la Trezena parte de las comedias de Lope de Vega, la comedia Los locos de Valencia se desarrolla en el famoso Hospital de los locos de dicha ciudad, presenta un interés antropológico y literario evidente.

Lope de Vega escribió ‘Los locos de Valencia’ a raíz de su estancia en esta ciudad entre 1589 y 1590, que permitió que el dramaturgo conociera el microcosmos de esa famosa Casa de los locos que se acababa de fundar y tuvo la idea de llevarlo al escenario.

Se trata con casi total seguridad de la primera obra dramática de una Casa de locos en el teatro cómico europeo, pues no se conoce obra dramática que con anterioridad haya llevado la acción dramática a un manicomio.

En esta obra de su juventud, Lope de Vega retrata la locura de amor, uno de los temas recurrentes a lo largo de su obra. De una manera ingeniosa y divertida construye el enredo amoroso en un espacio tan particular como es el Hospital de locos, la primera vez que se trata este tema en el teatro español. La intriga, lejos de las habituales comedias de capa y espada, tiene un carácter burlesco próximo a la farsa, donde los personajes huyen de una realidad exterior que les amenaza y encuentran su escenario de loco enamoramiento en el ámbito del manicomio.

Los locos de Valencia, 2012

Argumento

Me haré pasar por loco para conseguir su amor El joven caballero Floriano llega a Valencia huyendo de la justicia, pues cree haber dado muerte al príncipe de Aragón Reiniero. Pide ayuda a su amigo Valerio quien le propone que se finja loco e ingrese en el Hospital de los Inocentes haciéndose llamar Beltrán.

Casi al mismo tiempo llega a Valencia Erifila, joven dama de Toledo que se ha fugado de casa de su padre con su criado Leonato. Al no querer acceder a las propuestas amorosas de éste sin estar casados, Leonato la abandona tras robarle dinero, joyas y ropa. Descubierta por Gerardo, el director del Hospital, cuando sale a despedir a Valerio tras el ingreso de Floriano (Beltrán), es tomada por loca al hallarla sola y a medio vestir y la ingresan a la fuerza en el Hospital. Valerio queda deslumbrado por su belleza a pesar de “ser loca” y decide intentar llevarla con él.

Una vez en el hospital, Erifila (Elvira) conoce a Floriano (Beltrán) y entre ambos surge “amor a primera vista” a pesar del inicial recelo, pues cada uno piensa del otro que está loco. Ambos se sinceran, pero son interrumpidos por Gerardo, quien tiene una obsesiva insistencia en cumplir la norma del Hospital de mantener separados los hombres de las mujeres, aunque… los ojos se le van tras de Elvira.

Por si faltaba algo Fedra, sobrina del administrador Gerardo, se enamora de Beltrán y se finge loca también, para estar a su nivel. Su tío urde un plan para curarla, que consiste en casarla “de burlas” con Beltrán. Esto provocara los celos de Elvira y se marcha con Valerio, lo cual provocara a su vez los celos de Beltrán. Pero volverá por amor a Floriano.

Todo esto aderezado con las intervenciones de los “locos auténticos”, que están siempre deambulando por el Hospital y cuyas locuras son a veces más lógicas que las de los cuerdos, lo que hace que el ritmo de la comedia vaya “in crescendo” y nos lleve hacia un desenlace en el que, como es habitual, el orden se restablezca. Los locos salen a pedir dinero para el Hospital a la calle, donde aparece el príncipe de Aragón Reiniero, que soluciona finalmente todos los conflictos al no haber sido él al que mató Floriano. Floriano se casa con Erifila, y Valerio con Fedra. Final feliz.

Yo, Quevedo, con perdón

Actores

  • Actores
      • José Casasús : Rainero, Liberto, Valerio, locos
      • Jorge Bermejo : Floriano, loco Tomás
      • José Luis Matienzo : Leonato, Gerardo
      • Azahara Memberg : Erifila, Laida
      • Marta Marco : Fedra, loca

    Equipo artístico y técnico

  • Equipo técnico
      • Iluminación: José Luis Matienzo
      • Técnico: Ricardo Idiazábal
      • Escenografía: Paz Yáñez y Ángela Yáñez
      • Música: Javier Quilez
      • Vestuario: Gabriel Besa
      • Iluminación: José Luis Matienzo
      • Ayudante de dirección: Ricardo Idiazábal
      • Director: José Luis Matienzo

    Necesidades

    Escenario Electricidad Montaje Personal
    Mínimo: 6 * 4 * 3’5 m Mínimo: 12.000 w Montaje: 2,5 h. 2 mozos de carga y descarga (negociable)
    Preferente: 10 * 7 * 6 m Preferente: 32 Kw trifásicam Desmontaje: 1,5 h.

    Nos adecuamos a todos los espacios y condiciones

    Cuentos, Rider técnico

    Dosier

    Palabras del director

    José Luis Matienzo

    Si algo tiene el amor, es que es loco. No es racional, no es consecuente, no es lógico, no es coherente; es… loco. Es una locura que no pasa por el cerebro, sino que sale del corazón y por cada poro de la piel sale agredie Si algo tiene el amor, es que es loco. No es racional, no es consecuente, no es lógico, no es coherente; es… loco. Es una locura que no pasa por el cerebro, sino que sale del corazón y por cada poro de la piel sale agrediendo a la lógica establecida. Cada acción amorosa es tan vital como inconsciente.

    En la obra la lógica corre por cuenta de los locos, siendo las reacciones de los enamorados ilógicas, irracionales. Este es el punto de inicio para mostrar un espectáculo fresco y divertido, en el que entre la comicidad y el desenfado se cuestionará la relación entre los hombres y mujeres, las verdades axiomáticas de la sociedad, que más que ayudar al hombre, le esclavizan.

    Un espectáculo, como los anteriores nuestros, en el que intentamos despojar al teatro clásico del almidón con el que nos lo presentan y que le alejan de la fiesta del pueblo que era el Teatro en el Siglo de Oro.

    Para ello utilizamos un ritmo escénico ágil y con contrastes, sorprendiendo al público con las reacciones de unos personajes que se mueven más por instinto que por las normas impuestas. Un ritmo desenfadado donde navegan los personajes, tan enamorados como ilógicos, tan clásicos como irrespetuosos,… En resumen, tan humanos.

    Se tiene la idea de que el Siglo de Oro español era oscuro, frío y sin colorido. No era así. El pueblo quería la diversión para superar las penurias que padecían por las guerras en Europa y el Mediterráneo (protestantes y musulmanes), la conquista del Nuevo Mundo (América), las crisis económicas continuas, etc. Y dentro de esa diversión, la más aceptada era el Teatro.

    Y dentro del Teatro de finales del siglo XVI y mediados del XVII, destacaba la comedia de Lope de Vega, al que se le conocía como el Fénix de los ingenios y Monstruo de la naturaleza. Lope marcó las nuevas líneas de la comedia española en su ‘Arte nuevo de hacer comedias’, con una novedosa fórmula dramática que mezclaba lo trágico y lo cómico, y rompía las tres unidades que propugnaba la escuela de poética italiana fundada en la Poética y la Retórica de Aristóteles: unidad de acción (que se cuente una sola historia), unidad de tiempo (en 24 horas o un poco más) y de lugar (que transcurra en un solo lugar o en sitios aledaños).

    En nuestro espectáculo jugamos con estos principios propugnados por Lope, saltándonos las unidades. La unidad de acción presentando el tema de los enamorados y de los locos intercalados entre ellos y con acciones secundarias, que aportan teatralidad y profundidad en el tema principal del montaje. La unidad de tiempo también es saltada, no importándonos si las acciones se suceden en días, semana o meses siguientes.

    La unidad de lugar la rompemos teniendo lugar en distintos sitios (murallas y calle de Valencia, patio del hospital de locos, interior de las habitaciones, etc.). Esto nos permite jugar con una escenografía compuesta de elementos móviles que al cambiarlos de sitio nos cambian la visión del espectador del espacio escénico y, jugando con la convención y la imaginación del público y los actores, nos permiten dar al espectáculo una agilidad y dinamismo propias de la obra original de Loppe.

    Dentro de la contratación de las compañías, se concertaba el vestuario como parte fundamental del espectáculo teatral. Nosotros hemos querido acercarnos a ese concepto y queremos olvidarnos de los tonos apagados y serios de los espectáculos que actualmente se nos presentan en las obras clásicas representadas en la actualidad. Nuestra apuesta es un vestuario con gran colorido y muy simbólico, que al público le recuerde la época clásica, pero que podría ser actual. Renunciamos a los adornos barrocos para ser sintéticos y atractivos. El público podría identificarlo con algunos desfiles de los creadores de la moda actuales, con reminiscencias históricas.

    Nuestra apuesta es por la atemporalidad del espectáculo: hemos adecuado el lenguaje y el recitado a las formas y gustos actuales, prosificando gran parte del texto, adecuando las formas sintácticas y las frases hechas a las usadas en la actualidad.

    La música tendrá reminiscencias ancestrales, pero con instrumentos y cadencias más propias del gusto actual.

    Las obras dramáticas de Lope fueron compuestas sólo para la escena y el autor no se reservaba ninguna copia y el ejemplar sufría los cortes, adecuaciones, ampliaciones y retoques de los actores y directores de compañía. Consideramos que esta adecuación que nosotros proponemos no nos hace ser herejes del teatro clásico, sino que contribuimos a la divulgación y aprecio por los clásicos almidonados que muchas veces nos alejan del teatro.

    El arte nuevo de hacer comedias (1609)

    La fórmula de Lope mezcla lo trágico y lo cómico, y rompe las tres unidades que propugnaba la escuela de poética italiana Lope de Vega creó el teatro clásico español del Siglo de Oro con una novedosa fórmula dramática. En dicha fórmula mezclaba lo trágico y lo cómico, y rompía las tres unidades que propugnaba la escuela de poética italiana de Ludovico Castelvetro y Francesco Robortello fundada en la Poética y la Retórica de Aristóteles:

    • Unidad de acción (se cuenta una sola historia). Lope utiliza el imbroglio o embrollo italiano, contar dos historias o más en la misma obra, por lo general una principal y otra secundaria, o una protagonizada por nobles y otra por sus sirvientes plebeyos.
    • Unidad de tiempo (en 24 horas o un poco más). La recomienda, pero no siempre se acata, y hay comedias que narran la vida entera de un individuo, si bien recomendaba hacer coincidir el paso del tiempo con los entreactos.
    • Unidad de lugar (transcurre en un solo lugar o en sitios aledaños). No la acata en absoluto, dejando a la imaginación del espectador y la pericia de los actores y directores su comprensión.

    Lope de Vega no respeta una cuarta unidad, la unidad de estilo o decoro que se encuentra también esbozada en Aristóteles, y mezcla en su obra lo trágico y lo cómico. Para ello se vale de un teatro polimétrico que utiliza distintos tipos de verso y estrofa según el momento dramático que se esté representando: el romance cuando un personaje cuenta hechos; la octava real cuando hace descripciones; redondillas y quintillas en los diálogos; sonetos en los monólogos introspectivos o esperas o cuando los personajes deben de cambiar de traje entre bambalinas; décimas en las quejas o lamentos. El verso predominante es el octosílabo, algo menos el endecasílabo, seguidos de todos los demás. Se trata, pues, de un teatro polimétrico y poco académico, a diferencia del teatro clásico francés, y en ese sentido se parece más al teatro isabelino.

    Por otra parte, domina el tema sobre la acción y la acción sobre la caracterización. Los tres temas principales de su teatro son el amor, la fe y el honor, con hermosos intermedios líricos, muchos de ellos de origen popular (Romancero, lírica tradicional). Se escogen preferentemente los temas relacionados con la honra ("mueven con fuerza a toda gente", escribe Lope) y se rehúye la sátira demasiado descubierta.

    Lope se cuidaba especialmente del público femenino, que podía hacer fracasar una función, y recomendaba "engañar con la verdad" y hacer creer al público en desenlaces que luego no ocurrían al menos hasta mitad de la tercera jornada. Recomendaba algunos trucos, como travestir a las actrices con disfraz varonil, cosa que excitaba la imaginación libidinosa del público masculino y que en el futuro se extendería en el teatro cómico universal de todos los tiempos: la guerra de sexos, esto es, trastocar los roles masculino y femenino. Mujeres impetuosas que se comportan como hombres y hombres indecisos que se comportan como mujeres.

    Los locos de Valencia, 2012